"Este pueblo de Vibaño, de
lejos parece villa, tiene la iglesia a la entrada, también está a
la salida".
Así reza
una estrofa de la popular danza que los vecinos de Vibaño entonan
con motivo de las fiestas populares. Y ciertamente es así. Si nos
visitas por primera vez no busques una salida al final del pueblo, porque
en Vibaño “la entrada es también la salida”.
Vibaño, tierra de labradores,
teyeros y madreñeros.
Fundamentalmente
de labradores que trabajaban el campo con arraigo y dedicación.
Un modo de vida que se transmitía de generación en generación.
Familias numerosas que criaban a sus hijos con los frutos del campo y
la leche que obtenían del ganado que cuidaban con tanto esmero.
Pero en muchos casos el campo no era suficiente para sacar adelante a
toda la
familia, así que el esforzado labrador se veía obligado
a pasar la temporada de verano en tierras castellanas trabajando de sol
a
sol en
las teyeras. Y
al cuidado de los hijos, las mujeres. Mujeres que se esforzaban en cuidar
de las cosechas y del ganado conscientes de que sus frutos ayudarían
a la familia a vivir. En ocasiones también acompañaban
a sus maridos en las teyeras desempeñando labores culinarias.
Los
teyeros partían hacia Castilla en la primavera y regresaban a
principios del otoño. Su trabajo consistía en hacer teja
y ladrillo y cocerlo en un horno especial para estos menesteres. En algunas
teyeras
se cocía con carbón y en otras más inferiores se
cocía
con “rozu”. Los dueños de las teyeras ajustaban por
meses a los trabajadores y algunos recuerdan que por los años
40-50 cobraban entre 1000 y 2000 pesetas/mes.
El procedimiento para obtener
la
teja era el siguiente:
Los teyeros iban a la “barrera” para cavar y conseguir un
barro de calidad que posteriormente se transportaba a la teyera en carros
o camiones,
según la distancia.
El barro se echaba en una especie de balsa llamada “llagar” para
que remojase durante toda una noche. Al día
siguiente se sacaba con una pala para poder “sobarlo”, es decir,
suavizarlo y dejarlo manejable para la tarea. En
algunas teyeras se “sobaba” a
mano, en otras ayudados por un caballo y una turbina y en las más modernas
mediante procedimientos mecánicos.
Después de “sobarlo” se
llevaba a “la
era” (explanada de tierra) y se hacía un montón que se
llamaba “muda”.
A cada lado de la “muda” se colocaban dos maseras con dos maseristas
que hacían la teya y dos tendedores que la tendían al sol.
Una vez seca se recogía y llevaba a "“la tejavana”.
Ya estaba lista para meterla al “jornu” y cocerla. Cada “jornu” tenía
capacidad para albergar entre 30.000 y 40.000 teyas y tardaba en cocerlas
aproximadamente cuatro días y otros tantos para que se enfriaran y
poder “desenjornarlas”.
La teya estaba lista para vender.
El regreso de los teyeros coincidía
aproximadamente con la festividad de S. Miguel, lo cual daba lugar a canciones
populares
de las
que extraemos
tres simpáticas estrofas:
"Ya llega S. Miguel, madre,
ya vienen
los mis amores
ya vienen los teyerinos
como raminos de flores.
Valen
más las alpargatas
que gastaren los teyeros
que las botas
de charol
que gastan los jelecheros.
Ya pasó S. Miguel,
madre
y los teyeros no vienen
o yos cayó el jornu encima
o malditu el cuartu tienen." |
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Y a su regreso los teyeros se incorporaban a la vida cotidiana: los
labradores atendían el campo y el ganado, “collían” el
maíz
y las manzanas, “escapullaban”, “ enrestraban”, “mayaban”,
etc..., y entre estos y otros quehaceres veían pasar el invierno.Y
los madreñeros...
Los madreñeros se preparaban para su “cosecha
particular”. Se
encargaban de tirar la madera, fundamentalmente de alisa y abedul, la
traían a casa, la troceaban y ahí comenzaba
la creación de la madreña. Cada trozo era un “tayu” y
su medida era de una “cuarta y un jorcu”. Los pasos a seguir
eran: se abría el tayu; se desbastaba; se azuelaba; se petiaba,
se ponía en el taller (maderu con cuatro patas y una ranura en
el mediu dónde se colocaba la madreña y se ajustaba con
pinas) y se barrenaba; se raseraba; se desbocaba; se cepillaba y se lijaba.
Así ya
estaba lista para barnizarla y pintarla.
De la venta se encargaban las
mujeres que cada martes y viernes acudían con la mercancía
a los mercados de Llanes y Posada respectivamente.
Vibaño frente
a la ocupación de los franceses.
También los vecinos de
Vibaño
supieron hacer frente a la ocupación francesa y junto a otros
valientes llaniscos establecieron un pequeño ayuntamiento en el
pueblo. De ello y de la valentía de un destacado vecino quedó constancia
en algunas publicaciones. Para que nadie pueda dudar de semejantes hazañas
hacemos referencia a un párrafo del libro “Historia de Llanes
y su concejo” de Fermín Canella Secades: “
El 24 de
noviembre de 1808 las tropas francesas entraron por primera vez en Llanes.
Algunos
vecinos huyeron a los montes mientras que otros, los más valerosos,
formaron una columna que hizo frente al enemigo ocasionándole
numerosas bajas y su posterior retirada. De nuevo en mayo de 1809 los
franceses volvieron
a invadir la villa llanisca, logrando en esta ocasión quemar el
archivo municipal, perdiéndose así muy importantes documentos.
A partir de ese momento fueron numerosas las invasiones del enemigo.
No
obstante aún restaban en la villa valerosas partidas que ofrecían
resistencia a los franceses.”Éstas tenían su cuartel
general en Vibaño y elegían justicias independientes en
el valle de Ardisana, organizándose allí para todos los
servicios como un pequeño, pero libre, municipio. Los franceses
hacían
frecuentes salidas para batir aquellas fuerzas sin poder lograrlo. Destacaba
entre los guerrilleros el joven de Vibaño llamado José Balmori
Sánchez, BALMORO, como le llamaban los franceses, los cuales vivieron
siempre bajo su amenaza continua. En todas partes los sorprendía
y atacaba desde sitios estratégicos, cortaba sus correos y les
imponía
la zozobra y el temor continuos por la ley de vida en una tierra que
los rechazaba”.
También en referencia a Balmori se dice
que “molestado
el general francés al mando en febrero de 1810 por las guerrillas
que se levantaban en el concejo, ordenó una expedición
por el río de las Cabras con el propósito de conducir 80
carros de víveres y vestuario al interior de la provincia. Alertado
BALMORI, junto a otros guerrilleros, se dispusieron en el desfiladero
de las Cabras
y desde allí sorprendieron al enemigo con nutrida fusilería
y arrojo de piedras desde las montañas. De esta forma los franceses
abandonaron su intento y huyeron despavoridos para refugiarse en Llanes”.
Ubicación de Vibaño. El antes y el después.
Actualmente
la ubicación de Vibaño es tarea bien sencilla para cualquier
vecino del pueblo o habitante del municipio llanisco.
Igual de sencillo
debiera ser a principios del siglo XIX, aunque con una información
más extensa y detallada.
El historiador Francisco Martínez
Marina ubicaba a Vibaño en el año 1800 de la siguiente
manera:
“Volviendo
atrás del Camino Real de la izquierda que sigue desde términos
de Celorio, Barro y Posada, hacia los concejos de Onís y Cangas,
la parroquia que se encuentra después de la hijuela de Rales es
la llamada San Pedro Apóstol en el lugar de VIBAÑO.
Distante
de Llanes dos leguas largas al sureste, linda por el oriente con los
montes de Llabres; por el poniente con la parroquia de Ardisana; al norte
con
la hijuela de Rales; al sur con la peña de Villa y parroquia de
Caldueño. Comprende los lugares de Vibaño y sus cuatro
barrios con 60 vecinos llamados Media-villa, Santo Veña, Las Riegas
y La Sertal.
Pasa por medio de él un río del mismo nombre
que desciende a unirse con el que baja a S. Antolín de Bedón
y para facilitar el paso hay un puentecillo de piedra y es donde está La
Herrería. El Allende con 14, al cuarto de legua por el norte:
Rioseco con 12 (hay otras dos casas pertenecientes a Posada),un cuarto
de legua
a oriente; Riofrío con 3, a un cuarto de legua pertenece a Vibaño
aunque parte frutos con Ardisana. Tiene varias capillas en su territorio.
La
población se ocupa en la agricultura y su cosecha asciende
a mil fanegas de maíz y cien de pan”.
Hoy, por funcionalidad,
ubicamos a Vibaño de forma menos precisa pero igualmente eficaz.
Vibaño es el primer pueblo de lo que en esta zona oriental
conocemos como “el valle de Ardisana”.
Tomando como referencia
la carretera que discurre entre Posada de LLanes y La Robellada, Vibaño
se situaría
aproximadamente a cuatro kilómetros de Posada. Aunque las primeras
casas del pueblo se encuentran en la carretera general, su núcleo
rural se ubica a la izquierda.
Cuatro barrios forman dicho núcleo
: Santoveña, Mediavilla, La Sertal y Las Riegas. Fuera de éste,
formando pequeñas agrupaciones y caseríos están:
La Herrería, Riofrío, Puentenuevo, Torrevega y Vallines.
También
forman parte del pueblo Rioseco y El Allende, aunque por su crecimiento
han adquirido cierta independencia y hoy se rigen con alcaldías
propias.
Los últimos datos demográficos informan que Vibaño
tiene 295 habitantes, Rioseco 84 habitantes y El Allende 39 habitantes
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